La primera vocación de Leonardo Erazo fue estar al aire libre, a eso se sumó el gusto por la biología y la química, lo que derivó naturalmente en el interés por estudiar agronomía, cuenta desde el valle de Itata en medio de una fuerte lluvia. “Conocí la enología en la universidad, en introducción a la enología con Álvaro Peña y me interesó muchísimo, le fui agarrando el gusto y ahora se transformó en una pasión”. Eso porque para él es el punto que une sus ciencias favoritas junto con comer, beber, descubrir personas y países, todo alrededor del tema del vino. “Disfruto mucho también la mesa larga, la conexión que se genera en el momento de compartir con otra persona o con muchas personas es una parte cultural alrededor del vino que a medida que la voy conociendo, me va gustando más”.
Ingresó al Campus Sur en 1997. “Siempre me llamó la atención los ideales de la Universidad de Chile, como estar muy abierta a todo tipo de gente. Para mí la universidad está ligada a esa idea de que no hay quiebres sociales, es diversa, pero al mismo tiempo acoge, todo el mundo de alguna forma puede acceder a la Universidad de Chile. Cuando estaba estudiando ahí tenía compañeros de todo el país. Personas con distintos backgrounds académicos, de distintas escuelas”, ejemplifica.
Al final de la avenida Santa Rosa, además del estudio, vivió una experiencia universitaria ligada al deporte y a la conversación. Asegura que “el hecho de que no existían los teléfonos nos ayudaba mucho, porque no nos quedaba otra que conversar. La conversación es el espíritu que tiene un universitario, es ese intercambio humano de información, conocerse y compartir”. Y junto con los compañeros, destaca una “generación dorada” de académicos donde menciona a Claudio Pastenes, actual decano de ingeniería agronómica, Pilar Miranda, Carmen Prieto y Erwin Aballay, entre otros. “Creo que cuando alguien habla con pasión involucra a los alumnos; daba gusto estar en esas cátedras”, recuerda.
Rememorando esos primeros años asegura que “hay momentos en la vida que nos marcan. Me acuerdo de haber tenido una clase de maridaje con Ávaro Peña en el laboratorio de enología. Fue algo muy sencillo, teníamos un sauvignon blanc y un pedazo de pescado, también un pedazo de carne con cabernet y recuerdo de, por primera vez, haberle prestado atención a una parte sensorial. Y eso fue la universidad. Si no hubiese estado en esa clase, seguramente mi vida sería otra”. Añade: “Y en la universidad se dan esos momentos, uno tiene que estar abierto a que te pasen cosas. Creo que cuando uno va a la universidad con la mente bien abierta, te permite estar susceptible a todo lo que pasa alrededor y dentro del ambiente universitario. Todas esas cosas, uno las puede ir incorporando y nunca se sabe cuál puede transformar tu vida”.
La llegada al valle de Itata
Tras titularse de la Universidad de Chile, Leo Erazo estudió un postgrado en Sudáfrica y volvió como profesor de la Universidad de Concepción. Allí, en una salida a terreno, conoció el valle de Itata y se enamoró. “Tenía todo, es un paisaje único, son las viñas viejas, los tipos de suelo, la roca madre, la influencia del pacífico, variedades que nadie conocía en ese tiempo o que eran mal miradas, y la verdad es que las condiciones eran increíbles y la viticultura de la gente, porque eso es impresionante cómo se ha forjado una viticultura local que ha permanecido por 400 años”, describe “No creo que exista en otro lugar del mundo”.
De conocer el Itata hasta hacer su propio vino fue un solo paso. Su primer vino lo hizo en 2010, “los primeros resultados fueron increíbles, el vino tenía un carácter, una complejidad, y de ahí ha sido un seguir descubriendo año tras año (...) Hoy tenemos diez hectáreas de viña, cuarenta hectáreas de conservación, dos hectáreas de olivos, más una bodega”, un lugar donde Leonardo ha elegido hacer familia.
Explica que en el Itata las parras viejas “se cultivan de una manera casi intuitiva o desarrollada durante tanto tiempo que parece intuitiva, sin nada mecanizado, no hay tractores, no hay maquinaria, es a pie o a caballo. Y lo que nosotros hacemos hoy es agarrarnos de un renacimiento de ese estilo de viticultura con una nueva interpretación del sitio”. Es decir, toman la tradición y aportan al decir, “acá hay una parcela con ciertas características para aislarla, planificarla por separado y expresar las microparcelas que existen ahí. En Guarilihue es donde nosotros hemos hecho más trabajo, pero todo basado en lo que ha sido la tradición”.
Respecto a esas variedades mal miradas antiguamente, Leonardo destaca el trabajo que ha hecho en la cepa país, en cinsault y en moscatel (...) Uno de los mejores vinos de Chile se ha hecho de cinsault, que es el Amigo Piedra, ha ganado varios premios (...) Imagínate, sacamos los primeros vinos en el 2010. En ese tiempo no había cinsault dando vuelta, a pesar de que la uva siempre estaba, no se les prestaba mucha atención y en muy poco tiempo, en 16 años, hoy ya hay una categoría Itata, la conoce el mundo, la gente ya sabe de los cinsault. Es una producción muy pequeña, Guarilihue es chiquitito, no es quizás un fenómeno a gran escala en volumen, pero sí en calidad. Creo que hay una linda vuelta de rosca”.
Relata que al cinsault le fue sacando cosas. Los primeros vinos se hicieron con viñas que tenían herbicidas. “Nosotros sacamos los herbicidas, las barricas de madera, las selecciones de racimo, las levaduras seleccionadas, sacamos correcciones de ácido tartárico, al final llegamos a lo más simple y cuando no le podíamos sacar nada más, encontramos el Amigo Piedra, que no tiene nada más que la uva de la parcelación que se fermenta. No es simple el proceso, porque hay que estar muy atento. Hacer menos necesita que tú sepas mucho más y después de todos estos años dando vueltas por el mundo hemos llegado a lo más simple, lo más puro”.
“La enología es fundamental para la identidad de Chile”
Y más allá del valor en sí del vino, Leonardo también rescata las prácticas culturales que hacía en la Universidad de Chile. “Eso está intrínsecamente asociado con la cultura de determinado pueblo y lugar durante un lapso de tiempo. Entonces, la práctica cultural del vino es única y es quizás de los últimos eslabones del viejo mundo que siguen dando vueltas”. Agrega: “La enología es fundamental para la identidad de Chile. Esta tradición y estas prácticas culturales de la enología y esa identidad en torno al vino, a la mesa, a la conversación, creo que tiene mucha relación con la literatura, con la poesía chilena, con un montón de cosas que son propias de este lugar del mundo (...) No concibo Chile sin el vino”.
Este 2026 el prestigioso crítico británico Tim Atkin en su reporte, eligió a Leonardo Erazo como el enólogo del año y, además, es el primero del valle de Itata. “Es un reconocimiento tremendo. Como te decía al principio, no es una cosa que busquemos, a mí me gusta mucho esa frase que dice que hay que celebrar los triunfos como uno celebra las derrotas. Y nosotros hemos tenido también muchos reveses. La verdad es que Tim ha seguido nuestro trabajo durante años a muy pequeña escala y es difícil no emocionarse al recibir un premio tan importante”. Añade: Tim es alguien que pasa mucho tiempo en Chile recorriendo y visitando viñedos, entonces conoce a mucha gente; conoció mi trabajo en Argentina, en Itata, en Francia y ha visto este proyecto desde el principio. Ha ido viendo la evolución de los vinos y la nuestra como productores, la manera en como afrontamos la producción, el estilo de vida que le damos al vino, creo que está esa energía que se genera alrededor de un proyecto que va más allá del líquido; es una manera de vivir, de pensar el mundo y una manera de proponer alternativas dentro de lo que uno piensa que es la viticultura”.
Pensando en el futuro, Erazo cree que “el enólogo tiene que ser cada vez más como un sastre, tiene que preocuparse mucho de los detalles, tiene que hacer vinos a medida. He trabajado en proyectos grandes, donde no me daban las horas del día para conocer todos los viñedos donde comprábamos uvas. En cambio ahora, camino por todas las esquinas de los viñedos, conozco casi cada planta, puedo trabajar con mucha mayor precisión y creo que eso ha hecho que los vinos estén mejores. Los siento mejores, con mayor energía, con más fuerza, más vitales. Me siento mejor también porque paso más tiempo afuera y toda esa conjunción de cosas lleva a que la gente que se toma ese vino, también se conecte mucho más con nosotros, con los productores. El futuro de la enología en ese sentido son los proyectos chicos, familiares, precisos, un trabajo de sastre para conectar con otra persona".
Galería de fotos
Paz Escárate, Comunicaciones Alumni U. de Chile Fotografía, gentileza del entrevistado

